viernes, 13 de noviembre de 2015

Capítulo 8 - Consecuencias filosóficas

Abstract:
            En este capítulo podemos observar que se menciona mucho la teoría que se ha expuesto a lo largo del libro. Aclara unos últimos detalles acerca de ella, antes de concluir. Menciona la relación entre la mente y el mundo exterior, qué es la experiencia sensorial y cómo esta influye nuestras percepciones, y cómo el recuerdo del pasado afecta muchos procesos mentales.
Por otro lado menciona cómo se pueden crear modelos mentales, y como cada uno de estos funciona como un mapa en nuestra mente; y cómo la mente se puede relacionar con el mundo físico.
Palabras Clave :
Eslabonamientos
Experiencia
Pre-sensorial
Reclasificación
Resumen:
            El aparato mediante el cual conocemos el mundo exterior, es producto de la experiencia. La interpretación que hacemos de los acontecimientos que ocurren en el entorno, está influenciado por las relaciones entre los elementos que hemos experimentado en el pasado. Esto nos lleva  plantearnos algunas interrogantes filosóficas que se derivan del papel que le hemos asignado a la experiencia pre-sensorial (o eslabonamientos) y de la eliminación del núcleo puro de las sensaciones.
            Existe una teoría tradicional que establece que la experiencia comienza con la recepción de los datos sensoriales externos (Hayek, 1952). Estos datos forman la materia prima de la mente y se organizan de diferentes maneras. Esta teoría también sostiene que los atributos de las cualidades sensoriales, no son atributos que posean por sí mismos; sino que “son producto de la diferenciación de las respuestas que da el organismo, mediante las cuales se crea el orden o clasificación de los acontecimientos; clasificación que se basa en las conexiones creadas en el sistema nervioso mediante los “eslabonamientos” pasados”(p. 278). Por lo tanto, toda sensación se puede considerar como una interpretación de un acontecimiento  pasado. La experiencia ordena y clasifica los acontecimientos físicos. Por ende, podemos decir que la mente y la conciencia son producto de la experiencia, y no que la experiencia resultado de la mente (p. 279).
Toda experiencia sensorial tiene atributos que representan el significado que el organismo atribuye a un tipo de acontecimientos a partir de las asociaciones pasadas de acontecimientos similares. Nuestra experiencia se construye sabiendo diferenciar cualidades sensoriales y a esto es a lo que se le llama experiencia pre-sensorial. No es cierto que todo lo que conocemos se debe a la experiencia sensorial; en realidad, esta experiencia solo es posible una vez que la experiencia (entendida como eslabonamientos) haya creado el orden que determina las cualidades de los elementos que la constituyen. “Por lo tanto, la experiencia sensorial presupone la existencia de un tipo de conocimiento acumulada de un orden adquirido por los impulsos basado en su aparición en el pasado” (p. 280). Al menos podemos decir que una parte de lo que sabemos sobre el mundo externo, no es resultado de la experiencia sensorial; sino, como ya mencionamos anteriormente, esta implícito en los medios a través de los cuales podemos obtener dicha experiencia. Así, la experiencia consciente se refiere siempre a acontecimientos definidos por las relaciones con otros acontecimientos que pueden ser pasados.
Siempre poseemos un “conocimiento” sobre el mundo fenoménico que se puede aplicar a todo lo que experimentemos a través de los sentidos.  Se podría afirmar también, que un conocimiento basado exclusivamente en al experiencia podría ser completamente falso. Inclusive, la experiencia de esa clasificación basada en eslabonamientos pasados, no siempre lleva a predicciones válidas o correctas. En estos casos, tiende a ocurrir una reclasificación. Esta reclasificación ocurre cuando nuestras expectativas se ven frustradas; y consisten en la la demolición de las clases ya formadas, y la sustitución de estas mismas clases por otras nuevas. Es un proceso que se leva a cabo por la mente, puesto que las nuevas experiencias constituyen la ocasión de nuevas clasificación (p. 284). Sin embargo, aún después de haber sido ajustadas, las nuevas experiencias obtenidas, no controlan completamente el resultado de la experiencia. Por lo tanto, no nos queda más que aceptar la clasificación hecha por nuestros sentidos, sabiendo que lo que percibimos nunca va ser completamente correcto.
A medida que se van definiendo los objetos, sus cualidades sensoriales se ven empujados a un segundo plano, y al completarse el proceso de definición de todos los objetos, esos datos sensoriales desaparecen. El sistema de definición se hace omnicomprehensivo y auto contenido o circular, es decir, “todos los elementos se definen mediante sus relaciones con el resto” (p. 286). Podemos concluir, que “la experiencia sensorial presupone, un orden de objetos experimentados que precede a esa experiencia y que no puede ser refutado por esta, aunque la misma se deba a otras experiencias previas” (Hayek, 1942).
            La clasificación de los eventos del entorno realizado por nuestros sentidos, no es una clasificación veraz, no nos permite describir adecuadamente las regularidades del mundo. Lo cual nos lleva a considerar al mundo fenoménico como más real que las construcciones científicas. Sin embargo, “cualquier interpretación puramente fenoménica está condenada al fracaso desde el momento en que nuestros sentidos no efectúan una clasificación” (p. 289).
            La ciencia es una constante búsqueda de nuevas clases de sucesos definidos de tal modo que las proposiciones sean universales y verdaderas. Sin embargo, tal definición de toda clase de acontecimientos no puede limitarse a la primera clase de acontecimientos que constituyen la cadena de sucesos que completan una situación; se deben definir todas las clases, para encontrar sus relaciones. Además, si la teoría expuesta en este libro es correcta, existe otra contradicción con la ciencia que afirma que el proceso de clasificación cambiaría la apariencia del mundo fenoménico; algo totalmente imposible. Las cualidades son consideradas variables, debido a que están sujetas a acontecimientos físicos cambiantes.
Los eventos deben repetirse con cierta regularidad para que sean reconocidos y clasificados por la mente humana. Por lo tanto, conocemos mejor los acontecimientos que se nos dan con frecuencia, y por eso percibimos al mundo de una manera ordenada.
La teoría materialista explica que las determinación de las cualidades mentales se basa en los procesos análogos a los que podemos observar en el mundo material (p. 294). Por otro lado, las teorías dualistas plantean una sustancia mental diferenciada, que es producto de la costumbre adquirida por el hombre debido a la observación de la naturaleza. Suponen, que para que se pueda observar un proceso de algo, debe haber una sustancia específica. Diversas especies de materia son responsables de los diferentes fenómenos materiales. Por ende, una explicación de los fenómenos mentales que evite la concepción de una sustancia mental no es una concepción materialista debido a que no atribuye a la mente, ninguna propiedad que derivemos de nuestro conocimiento de la materia (p. 295).
Parece existir una intima relación entre la “teoría de doble aspecto” y la que aquí exponemos. Sin embargo esto es un error; lo que se puede considerar como aspecto físico de esta entidad de dos rostros, no son los procesos neuronales sino el orden global de estos, ni tampoco el aspecto de la mente, sino la mente misma. El orden que llamas mente es el orden que nosotros conocemos de manera distinta al orden del universo físico que nos rodea.
La teoría aquí expuesta niega cualquier dualismo con respecto a la mente y el mundo físico; sin embargo, al mismo tiempo se debe reconocer que debemos adoptar un punto de vista dualista para tener resultados prácticos. Esto se nota cuando se establece que los fenómenos mentales que podemos esperar conseguir, nunca serán suficientes para unificar todo nuestro conocimiento. Por ende, nunca vamos a poder distanciar los fenómenos físicos de los mentales.
La explicación es en sí misma un proceso mental. Es la formación de un modelo de acontecimientos en el cerebro. Tenemos la posibilidad de formar un modelo capaz de explicar cualquier fenómeno gracias a los elementos. Existe un modelo mecánico, el cual debe su validez al hecho de que las propiedades de sus distintas partes se asumen como correspondientes a las partes del fenómeno que el modelo produce. En un modelo mecánico, son conocidas las propiedades físicas de las partes de los elementos. En un modelo matemático, las propiedades de las partes están definidas por funciones que indican valores, los cuales pueden ser combinados en ecuaciones para formar los modelos. No obstante, el concepto de modelo tiene un punto débil. Realmente no se puede asegurar la existencia de las entidades mentales de las que el modelo debe estar constituido; ni muncho menos si las partes del modelo correspondan a las partes del acontecimiento original (p. 299). El modelo es útil sólo cuando valora las distintas partes que lo conforman. Esta valoración la determinan las cualidades sensoriales que se basan en su posición en el “mapa” de las experiencias pasadas. Este mapa esquemático se puede representar por los impulsos de diferentes clases. Una combinación de estos impulsos producirá otros que representan otras clases, y así sucesivamente. Una vez elaborado un modelo, podemos establecer de cuales elementos dependen el resultado observado, y como este podría cambiar si se altera cualquiera de estos.
La explicación suele ser genérica, pues siempre se refiere a características comunes a todos los fenómenos de cierta especie. Aunque toda explicación deba referirse  a las características comunes de una clase de fenómenos, es evidente que una explicación puede tener diversos grados de generalidad y así es como se acerca a una explicación completa de acontecimientos.
Existe una diferencia entre una explicación de principio y una explicación más detallada debido al grado de generalidad que tienen. La explicación del principio se puede utilizar para explicaciones con un alto grado de generalidad; por ejemplo la explicación que damos sobre el funcionamiento de un celular, la cual muestra cómo se produce el objeto y cómo funciona. Sin embargo, este conocimiento no es suficiente para decir con exactitud cómo se enciende el celular (p.303).
Se puede distinguir entre explicaciones del principio y aquellas que son más detalladas, dependiendo del incremento de la complejidad del modelo. La explicación del principio, en la que se desarrollan los fenómenos de una clase, no siempre permite explicaciones de detalles específicos. A veces los limites prácticos no permiten elaborar explicaciones de principio para predecir hechos, lo cual sucede cuando los fenómenos son muy complejos.
La construcción de modelos es una clasificación y relación entre el agente que realiza la explicación y el modelo explicado. Todos los aparatos de clasificación, deben tener una estructura compleja y superior a la de los objetos que clasifica. Además, el cerebro humano nunca puede explicar sus propias operaciones. La clasificación completa del objeto, constituye su definición completa.
Para que un proceso mental se identifique con uno físico debe mostrar que ocupa una lugar igual al que ocupan los hechos físicos dentro del orden físico del organismo. Dicho proceso mental, debe tener una posición en el orden de la mente. Solamente así, se podría reemplazar el conocimiento de los sucesos mentales por una descripción del orden en una parte del mundo físico.
Es imposible explicar el funcionamiento del cerebro humano con detalles que permitan definirlo en términos mentales en vez de físicos. Sin embargo, la forma en la que operan las entidades mentales está establecido gracias a sus posiciones y relaciones con las demás formas mentales. Es por ello, que ninguna puede explicarse sin que se expliquen las otras.
La conclusión a la que llega nuestra teoría es que no solo la mente en su conjunto, sino también todos los procesos mentales individuales, deben ser siempre considerados como una clase especial de fenómenos que nunca conseguiremos explicar completamente en términos de leyes físicas. Nunca seremos capaces de conseguir más que una “explicación del principio” que determine el orden de los acontecimientos mentales, y debido a esto, nunca seremos capaces de conseguir una completa “unificación” de todas la ciencias (p.314, 315).
Para obtener una coordinación perfecta entre el modelo del mundo físico así construido y el marco del mundo fenoménico que nos ofrecen los sentidos, tendríamos que ser capaces de mostrar en qué modo las diversas partes de nuestro modelo del mundo físico serán clasificadas por nuestra mente (p.319).  Por tanto, para nosotros la mente debe seguir siendo un ámbito en sí mismo, que solo podemos conocer a través de nuestra experiencia directa, pero que jamás seremos capaces de explicar completamente o “reducir” a algo distinto (p.320).


Referencias:
Hayek, F.A. (1952). El orden sensorial.