viernes, 13 de noviembre de 2015

Capítulo 8 - Consecuencias filosóficas

Abstract:
            En este capítulo podemos observar que se menciona mucho la teoría que se ha expuesto a lo largo del libro. Aclara unos últimos detalles acerca de ella, antes de concluir. Menciona la relación entre la mente y el mundo exterior, qué es la experiencia sensorial y cómo esta influye nuestras percepciones, y cómo el recuerdo del pasado afecta muchos procesos mentales.
Por otro lado menciona cómo se pueden crear modelos mentales, y como cada uno de estos funciona como un mapa en nuestra mente; y cómo la mente se puede relacionar con el mundo físico.
Palabras Clave :
Eslabonamientos
Experiencia
Pre-sensorial
Reclasificación
Resumen:
            El aparato mediante el cual conocemos el mundo exterior, es producto de la experiencia. La interpretación que hacemos de los acontecimientos que ocurren en el entorno, está influenciado por las relaciones entre los elementos que hemos experimentado en el pasado. Esto nos lleva  plantearnos algunas interrogantes filosóficas que se derivan del papel que le hemos asignado a la experiencia pre-sensorial (o eslabonamientos) y de la eliminación del núcleo puro de las sensaciones.
            Existe una teoría tradicional que establece que la experiencia comienza con la recepción de los datos sensoriales externos (Hayek, 1952). Estos datos forman la materia prima de la mente y se organizan de diferentes maneras. Esta teoría también sostiene que los atributos de las cualidades sensoriales, no son atributos que posean por sí mismos; sino que “son producto de la diferenciación de las respuestas que da el organismo, mediante las cuales se crea el orden o clasificación de los acontecimientos; clasificación que se basa en las conexiones creadas en el sistema nervioso mediante los “eslabonamientos” pasados”(p. 278). Por lo tanto, toda sensación se puede considerar como una interpretación de un acontecimiento  pasado. La experiencia ordena y clasifica los acontecimientos físicos. Por ende, podemos decir que la mente y la conciencia son producto de la experiencia, y no que la experiencia resultado de la mente (p. 279).
Toda experiencia sensorial tiene atributos que representan el significado que el organismo atribuye a un tipo de acontecimientos a partir de las asociaciones pasadas de acontecimientos similares. Nuestra experiencia se construye sabiendo diferenciar cualidades sensoriales y a esto es a lo que se le llama experiencia pre-sensorial. No es cierto que todo lo que conocemos se debe a la experiencia sensorial; en realidad, esta experiencia solo es posible una vez que la experiencia (entendida como eslabonamientos) haya creado el orden que determina las cualidades de los elementos que la constituyen. “Por lo tanto, la experiencia sensorial presupone la existencia de un tipo de conocimiento acumulada de un orden adquirido por los impulsos basado en su aparición en el pasado” (p. 280). Al menos podemos decir que una parte de lo que sabemos sobre el mundo externo, no es resultado de la experiencia sensorial; sino, como ya mencionamos anteriormente, esta implícito en los medios a través de los cuales podemos obtener dicha experiencia. Así, la experiencia consciente se refiere siempre a acontecimientos definidos por las relaciones con otros acontecimientos que pueden ser pasados.
Siempre poseemos un “conocimiento” sobre el mundo fenoménico que se puede aplicar a todo lo que experimentemos a través de los sentidos.  Se podría afirmar también, que un conocimiento basado exclusivamente en al experiencia podría ser completamente falso. Inclusive, la experiencia de esa clasificación basada en eslabonamientos pasados, no siempre lleva a predicciones válidas o correctas. En estos casos, tiende a ocurrir una reclasificación. Esta reclasificación ocurre cuando nuestras expectativas se ven frustradas; y consisten en la la demolición de las clases ya formadas, y la sustitución de estas mismas clases por otras nuevas. Es un proceso que se leva a cabo por la mente, puesto que las nuevas experiencias constituyen la ocasión de nuevas clasificación (p. 284). Sin embargo, aún después de haber sido ajustadas, las nuevas experiencias obtenidas, no controlan completamente el resultado de la experiencia. Por lo tanto, no nos queda más que aceptar la clasificación hecha por nuestros sentidos, sabiendo que lo que percibimos nunca va ser completamente correcto.
A medida que se van definiendo los objetos, sus cualidades sensoriales se ven empujados a un segundo plano, y al completarse el proceso de definición de todos los objetos, esos datos sensoriales desaparecen. El sistema de definición se hace omnicomprehensivo y auto contenido o circular, es decir, “todos los elementos se definen mediante sus relaciones con el resto” (p. 286). Podemos concluir, que “la experiencia sensorial presupone, un orden de objetos experimentados que precede a esa experiencia y que no puede ser refutado por esta, aunque la misma se deba a otras experiencias previas” (Hayek, 1942).
            La clasificación de los eventos del entorno realizado por nuestros sentidos, no es una clasificación veraz, no nos permite describir adecuadamente las regularidades del mundo. Lo cual nos lleva a considerar al mundo fenoménico como más real que las construcciones científicas. Sin embargo, “cualquier interpretación puramente fenoménica está condenada al fracaso desde el momento en que nuestros sentidos no efectúan una clasificación” (p. 289).
            La ciencia es una constante búsqueda de nuevas clases de sucesos definidos de tal modo que las proposiciones sean universales y verdaderas. Sin embargo, tal definición de toda clase de acontecimientos no puede limitarse a la primera clase de acontecimientos que constituyen la cadena de sucesos que completan una situación; se deben definir todas las clases, para encontrar sus relaciones. Además, si la teoría expuesta en este libro es correcta, existe otra contradicción con la ciencia que afirma que el proceso de clasificación cambiaría la apariencia del mundo fenoménico; algo totalmente imposible. Las cualidades son consideradas variables, debido a que están sujetas a acontecimientos físicos cambiantes.
Los eventos deben repetirse con cierta regularidad para que sean reconocidos y clasificados por la mente humana. Por lo tanto, conocemos mejor los acontecimientos que se nos dan con frecuencia, y por eso percibimos al mundo de una manera ordenada.
La teoría materialista explica que las determinación de las cualidades mentales se basa en los procesos análogos a los que podemos observar en el mundo material (p. 294). Por otro lado, las teorías dualistas plantean una sustancia mental diferenciada, que es producto de la costumbre adquirida por el hombre debido a la observación de la naturaleza. Suponen, que para que se pueda observar un proceso de algo, debe haber una sustancia específica. Diversas especies de materia son responsables de los diferentes fenómenos materiales. Por ende, una explicación de los fenómenos mentales que evite la concepción de una sustancia mental no es una concepción materialista debido a que no atribuye a la mente, ninguna propiedad que derivemos de nuestro conocimiento de la materia (p. 295).
Parece existir una intima relación entre la “teoría de doble aspecto” y la que aquí exponemos. Sin embargo esto es un error; lo que se puede considerar como aspecto físico de esta entidad de dos rostros, no son los procesos neuronales sino el orden global de estos, ni tampoco el aspecto de la mente, sino la mente misma. El orden que llamas mente es el orden que nosotros conocemos de manera distinta al orden del universo físico que nos rodea.
La teoría aquí expuesta niega cualquier dualismo con respecto a la mente y el mundo físico; sin embargo, al mismo tiempo se debe reconocer que debemos adoptar un punto de vista dualista para tener resultados prácticos. Esto se nota cuando se establece que los fenómenos mentales que podemos esperar conseguir, nunca serán suficientes para unificar todo nuestro conocimiento. Por ende, nunca vamos a poder distanciar los fenómenos físicos de los mentales.
La explicación es en sí misma un proceso mental. Es la formación de un modelo de acontecimientos en el cerebro. Tenemos la posibilidad de formar un modelo capaz de explicar cualquier fenómeno gracias a los elementos. Existe un modelo mecánico, el cual debe su validez al hecho de que las propiedades de sus distintas partes se asumen como correspondientes a las partes del fenómeno que el modelo produce. En un modelo mecánico, son conocidas las propiedades físicas de las partes de los elementos. En un modelo matemático, las propiedades de las partes están definidas por funciones que indican valores, los cuales pueden ser combinados en ecuaciones para formar los modelos. No obstante, el concepto de modelo tiene un punto débil. Realmente no se puede asegurar la existencia de las entidades mentales de las que el modelo debe estar constituido; ni muncho menos si las partes del modelo correspondan a las partes del acontecimiento original (p. 299). El modelo es útil sólo cuando valora las distintas partes que lo conforman. Esta valoración la determinan las cualidades sensoriales que se basan en su posición en el “mapa” de las experiencias pasadas. Este mapa esquemático se puede representar por los impulsos de diferentes clases. Una combinación de estos impulsos producirá otros que representan otras clases, y así sucesivamente. Una vez elaborado un modelo, podemos establecer de cuales elementos dependen el resultado observado, y como este podría cambiar si se altera cualquiera de estos.
La explicación suele ser genérica, pues siempre se refiere a características comunes a todos los fenómenos de cierta especie. Aunque toda explicación deba referirse  a las características comunes de una clase de fenómenos, es evidente que una explicación puede tener diversos grados de generalidad y así es como se acerca a una explicación completa de acontecimientos.
Existe una diferencia entre una explicación de principio y una explicación más detallada debido al grado de generalidad que tienen. La explicación del principio se puede utilizar para explicaciones con un alto grado de generalidad; por ejemplo la explicación que damos sobre el funcionamiento de un celular, la cual muestra cómo se produce el objeto y cómo funciona. Sin embargo, este conocimiento no es suficiente para decir con exactitud cómo se enciende el celular (p.303).
Se puede distinguir entre explicaciones del principio y aquellas que son más detalladas, dependiendo del incremento de la complejidad del modelo. La explicación del principio, en la que se desarrollan los fenómenos de una clase, no siempre permite explicaciones de detalles específicos. A veces los limites prácticos no permiten elaborar explicaciones de principio para predecir hechos, lo cual sucede cuando los fenómenos son muy complejos.
La construcción de modelos es una clasificación y relación entre el agente que realiza la explicación y el modelo explicado. Todos los aparatos de clasificación, deben tener una estructura compleja y superior a la de los objetos que clasifica. Además, el cerebro humano nunca puede explicar sus propias operaciones. La clasificación completa del objeto, constituye su definición completa.
Para que un proceso mental se identifique con uno físico debe mostrar que ocupa una lugar igual al que ocupan los hechos físicos dentro del orden físico del organismo. Dicho proceso mental, debe tener una posición en el orden de la mente. Solamente así, se podría reemplazar el conocimiento de los sucesos mentales por una descripción del orden en una parte del mundo físico.
Es imposible explicar el funcionamiento del cerebro humano con detalles que permitan definirlo en términos mentales en vez de físicos. Sin embargo, la forma en la que operan las entidades mentales está establecido gracias a sus posiciones y relaciones con las demás formas mentales. Es por ello, que ninguna puede explicarse sin que se expliquen las otras.
La conclusión a la que llega nuestra teoría es que no solo la mente en su conjunto, sino también todos los procesos mentales individuales, deben ser siempre considerados como una clase especial de fenómenos que nunca conseguiremos explicar completamente en términos de leyes físicas. Nunca seremos capaces de conseguir más que una “explicación del principio” que determine el orden de los acontecimientos mentales, y debido a esto, nunca seremos capaces de conseguir una completa “unificación” de todas la ciencias (p.314, 315).
Para obtener una coordinación perfecta entre el modelo del mundo físico así construido y el marco del mundo fenoménico que nos ofrecen los sentidos, tendríamos que ser capaces de mostrar en qué modo las diversas partes de nuestro modelo del mundo físico serán clasificadas por nuestra mente (p.319).  Por tanto, para nosotros la mente debe seguir siendo un ámbito en sí mismo, que solo podemos conocer a través de nuestra experiencia directa, pero que jamás seremos capaces de explicar completamente o “reducir” a algo distinto (p.320).


Referencias:
Hayek, F.A. (1952). El orden sensorial.

viernes, 30 de octubre de 2015

Capítulo 7- Confirmaciones y verificaciones de la teoría

Abstract:
            Este capítulo pretende mostrar que la teoría que se ha venido construyendo durante los capítulos anteriores, tiene a su favor bastantes pruebas evidentes. Menciona teorías antiguas, entendidas como “casos especiales”, y hace sugerencias para experimentos nuevos que ayudan a aclarar el funcionamiento del proceso que hemos llamado “clasificación”.  También aclara la existencia de posibilidades de refutación hacia esta teoría de procesos clasificatorios.

Palabras clave:
Equipotencialidad
Funcionamiento sustitutivo
Discriminación
Procesos clasificatorios

Resumen:
            Es importante recordar el principal objetivo de la teoría que se ha expuesto, este es: mostrar que todos los fenómenos mentales, tales como la discriminación, la equivalencia de respuesta a diferentes estímulos, la generalización, la transferencia, la abstracción y el pensamiento conceptual, se pueden interpretar como diferentes formas del mismo proceso que hemos llamado “clasificación”; y que tales clasificaciones pueden efectuarse mediante una red de conexiones que transmiten impulsos nerviosos (Hayek, 1952).
            Según esta teoría se entiende que no es necesario que las diferentes funciones mentales estén localizadas en ninguna parte en concreto de la corteza cerebral. Si la clasificación concreta que determina una cualidad mental de un impulso, depende de una multiplicidad de conexiones que se extienden a lo largo de la mayor parte de la corteza, esto significa que, para cualquier efecto concreto, ninguna de estas conexiones es indispensable. Por lo tanto, ciertos procesos mentales que normalmente están basados en impulsos que siguen ciertas fibras, pueden ser reaprendidos por el uso de estas fibras, y ciertas asociaciones pueden ser llevadas a cabo de modo que, si cualquiera de estas vías se corta, la que queda será capaz de producir el resultado. Tales efectos son descritos bajo los nombres de “funcionamiento sustitutivo” o “equipotencialidad” (p. 253).
            Existen teorías propuestas en el pasado para explicar fenómenos concretos, el primer caso  es la teoría de Berkeley de la visión espacial y las teorías más generales de percepción del espacio que se han desarrollado a partir de ella. Otro caso es, la teoría de las emociones de James-Lange, esta puede ser considerada un caso especial de nuestra teoría, si es cuidadosamente replanteada. También ha tenido influencia de la teoría de von Helmholzt, gracias a ella hoy en día es ampliamente reconocido que “el modo que vemos las cosas del mundo externo a veces se ve afectado de forma abrumadora por la experiencia” y que “a menudo es difícil de decidir cuál de nuestras experiencias visuales está determinada inmediatamente por la experiencia y la práctica” (p. 255). Por otro lado, la relación que existe entre nuestra teoría y la de la escuela de la Gestalt, podemos decir que, “al menos en algunos aspectos, la nuestra puede considerarse como un desarrollo consistente con aproximación a esta escuela”.  Otro caso de conexión es entre nuestra teoría y la antigua piscología asociativa, nuestro enfoque está de acuerdo con el asociacionismo,  en el sentido de remontar todos los procesos mentales hasta conexiones entre ciertos elementos establecidos por la experiencia, pero difiere en el sentido de considerar de carácter no mental en sí mismos los elementos entre los cuales se establecen dichas conexiones (p.257).
            La teoría aquí planteada no puede esperar confirmación o refutación con un único experimento. Existen muchas pruebas relativas al hecho de que las capacidades de discriminación sensorial pueden desarrollarse ampliamente mediante la práctica. En tiempos más recientes, principalmente bajo la influencia de la escuela de la Gestalt, ha recibido mucha atención el efecto de la experiencia y de la práctica en lo que se llama “organización perceptiva”. Parece haberse establecido que la percepción de diversas configuraciones y complejos puede verse profundamente alterada por la experiencia y de que no existe una diferencia real entre la percepción y la sensación. (Braly, Leeper, & Duncker, 1933, 1935, 1939).
            Es fácil comprender por qué la repetición de movimientos concretos, debe permitirnos realizarlos, después, de forma más rápida y eficaz. Todo parece responder a que la concepción de diferentes sensaciones siempre están “allí” en algún sentido oculto, y que el problema consiste simplemente en aprender a percibir esas sensaciones “no percibidas” que se encuentran necesaria e invariablemente ligadas al impulso sensorial. Con relación a cualquier tipo de movimiento, la práctica tiene claramente algún efecto sobre la memoria y es difícil ver qué otro significado puede tener “memoria” sino el de la retención de conexiones y relaciones.  Adquirir la capacidad para hacer nuevas discriminaciones sensoriales no es sólo cuestión de aprender a hacer las cosas mejor de lo que se hacían antes; significa hacer algo completamente nuevo. No solo significa discriminar mejor entre dos estímulos o grupos de estímulos que nunca antes habían sido discriminados.  El mismo término de “discriminación”, sugiere algo parecido a “reconocimiento” de diferencias objetivas entre estímulos (Hayek, 1952).
            Del planteamiento global, se deduce que aprender a distinguir entre diferentes estímulos individuales, solo puede significar que vamos a asignar a estímulos diferentes efectos, con independencia del modo en que estos estímulos difieran; simplemente significa la creación de una nueva distinción en el orden fenoménico.  Existen tres modos principales en los que, la asignación de nuevas conexiones a impulsos sensoriales que llegan a los centros nerviosos, pueden tomar la apariencia de nuevas cualidades sensoriales: 1. Impulsos que antes no produjeron una sensación distinta, podrán ahora llegar a hacerlo; 2. Diferentes impulsos producidos por diferentes estímulos físicos podrían estar hechos para ser percibidos como una cualidad sensorial distinta; y 3. Impulsos producidos por la acción de estímulos físicamente idénticos sobre órganos receptores similares en puntos diferentes del cuerpo podrían también adquirir diferentes cualidades sensoriales. La tarea de la experimentación en estos casos, debe ser la de averiguar si podemos ser conscientes de impulsos sensoriales de los cuales no fuimos conscientes antes, o si podemos dar a impulsos sensoriales una significación sensorial distintiva, diferente de la que tienen otros impulsos de los cuales previamente no se distinguían (p.268).
            Lo mejor sería empezar los experimentos con estímulos que se sabe que son capaces de ser distinguidos por personas con mucha práctica, pero que para las personas con poca práctica son indistinguibles. En todos estos casos, podría ser posible  elevar los impulsos a nivel consciente, asignándoles, de forma deliberada, un séquito característico que no han podido adquirir espontáneamente.  Es probable que el hombre posea un número considerable de “sentidos reflejos”, como ha definido la actividad desarrollada por los canales semicirculares en el mantenimiento del equilibrio (p.273).
            Dentro de las posibilidades de refutación, se puede mencionar la teoría de R. Semon, acerca de una memoria de célula o de “almacenamiento”, la cual implica el supuesto de que sea lo que sea que se almacene, posee en sí mismo atributos mediante los cuales se distinguen las diferentes cualidades sensoriales. Una forma moderna de esta teoría es la de P. Wess,  sugiere que no es el hecho de una transmisión de impulsos, sino el carácter de los impulsos lo que determina que los similares se fijen en fibras diferentes (p. 274).
            Aunque parece dudoso que alguna vez se haya llevado hasta sus últimas consecuencias, la idea de que la discriminación sensorial está enteramente determinada por acontecimientos motores periféricos, es una alternativa imaginable. La idea no es minimizar la importancia de las respuestas motoras a todos los niveles de la jerarquía del sistema nervioso central, pero es difícil ver cómo podría llegar a hacer innecesarios aquellos clasificatorios o “simbólicos” cuyas funciones has sido el principal objeto de este estudio (p. 275).

Referencias: 
Braly, K., Leeper, R., & Duncker, K. (1933, 1935, 1939).
Hayek, F. A. (1952). El orden sensorial.


viernes, 16 de octubre de 2015

Capítulo 6 - Consciencia y pensamiento conceptual


            En este capítulo, la mayoría de las secciones está dedicada a la explicación de las diferencias en características y procesos de los acontecimientos conscientes y los inconscientes. Menciona que todo se puede ver como una unidad, por la cantidad de conexiones que existen en nuestra mente; sin embargo, todo depende de la atención. Gracias a la atención, nosotros logramos retener información relevante que luego traemos a nuestra mente a través de la memoria. Prestar atención no es solo fijarse en los objetos, es recibir una excitación pre-existente para poder hacer conscientes los objetos. Por otro lado, en este capitulo también se habla acerca de las diferencias entre lo concreto y abstracto y cómo influyen grandemente en nuestra percepción del entorno.
Palabras clave:
Mental
Consciente
Inconsciente
Atención
Abstracto
Resumen:
Se ha empleado el termino “mental” para describir todos los procesos que implican una clasificación de acontecimientos que tienen un orden cualitativo. Los “fenómenos mentales”, incluye muchos acontecimientos que no son conscientes, y esto plantea el problema para la determinación de este orden mental.
Podemos emplear el termino mental, tanto para acontecimientos conscientes, como inconscientes. Sin embargo, debemos aclarar las características o atributos que los distinguen unos de otros (Hayek, 1952). Muchas veces consideramos que “la consciencia es sinónimo de vigilia”, y creemos que se refiere a “un atributo que se vincula solo a algunos acontecimientos mentales, pero no a todos” (p. 230). Lo cierto es, que quizá sea imposible dar una definición exacta de que es la consciencia. Una solución a esta dificultad, podría ser “preguntando no qué “es” la consciencia, sino qué “hace” la conciencia” (p. 231). Esto quiere decir, que nos enfocaremos en las diferencias entre los comportamientos que conocemos como resultados de procesos mentales conscientes, y los producidos por procesos mentales inconscientes. Sin embargo, para llevar a cabo esto, es necesario que examinemos tres proposiciones que son necesarios para una comprensión general.


Estas proposiciones son las siguientes:
1.          En primer lugar: La distinción entre procesos conscientes y no conscientes, no solo se puede aplicar a las diferentes clases de procesos mentales que ocurren en nuestro cuerpo. También se puede emplear para describir las diferencias que observamos en el comportamiento de otras personas. Por ejemplo, nosotros sabemos por experiencia propia, la diferencia entre aquellas acciones o comportamientos que controlamos deliberadamente y aquellas que son producidas sin nuestro control, como por ejemplo las que son producto de nuestros reflejos.
2.          En segundo lugar: “No se puede cuestionar que existen formas intermedias entre los acontecimientos plenamente conscientes y los plenamente inconscientes que hace que las diferencias tengan grados” (p. 231). Tanto la consciencia como lo inconsciente, tienen muchos grados de intensidad; por lo que existen muchas formas de hechos semiconscientes en los cuales es difícil clasificarlos y describirlos como conscientes o no.
3.          En tercer lugar: Los hechos conscientes poseen todos los atributos de todos los procesos mentales.  Esto quiere decir que las respuestas conscientes pueden ser altamente modificables e intencionadas; y que se relacionan estrechamente unas con otros. Esto hace que los proceso metales consciente sean más complejos que los  inconscientes.
Pero, ¿qué pasa con los comportamientos que se creen conscientes (porque son coordinados e intencionales), pero la persona que actúa no “se percata” de ellos? Estos se pueden clasificar como comportamientos inconscientes, que se puede producir porque la persona que realiza la acción está ocupando su atención en otra actividad. También pueden ser producidos por condiciones en las que el sujeto se encuentre; por ejemplo, las personas sonámbulas o las que se encuentran en trances hipnóticos. Parece necesario aclarar que existen tres diferencias entre los comportamientos conscientes y los inconscientes. En consciente, una persona: a) Es capaz de “dar cuenta” de las acciones que está realizando. Con esto queremos decir que la persona es capaz de trasmitir y comunicarse con las demás personas a través del uso de símbolos; b) Es capaz de “tener en cuenta”  sus acciones; y c)Está “guiada” por sus percepciones actuales y las imágenes de su entorno (p. 233).
El hombre posee conexiones entre los impulsos sensoriales y el aparato de expresión. Los cuales, amplían sus medios de clasificación y permiten su pensamiento abstracto. Estas conexiones también son importantes, porque el aprendizaje del sistema de símbolos, el individuo puede utilizar su experiencia propia y la de su especie.
Por otro lado, “la comunicación es el resultado de los procesos conscientes y del “dar cuenta” de dichos procesos; por lo tanto, esto significa que la comunicación esta conectada con todos los otros procesos conscientes”  (Hayek, 1952).
La memoria y el reconocimiento significan la reaparición de lo que se ha experimentado conscientemente anteriormente. Esto quiere decir, que la experiencia consciente puede recordarse y reconocerse. Pero incluso, se ha descubierto que podemos recordar experiencias sensitivas de las que no fuimos conscientes en el momento en el que ocurrieron, esto es en niveles pre-conscientes. Podemos concluir, que existen una estrecha conexión entre todos los acontecimientos conscientes, por lo que se podrían describir como pertenecientes a una esfera común. Esta estrecha conexión, la podemos llamar “la unidad de la consciencia”, es decir que los hechos conscientes ocupan una posición definida en el mismo orden espacial,  y no se aplica a los acontecimientos inconscientes, pues aunque pueden afectarse mutuamente, no siempre será así. De esta unidad de la consciencia, se presenta el hecho de la “estrechez de la consciencia”, la cual quiere decir que “solo una gama limitada de experiencias puede ser plenamente consciente” (p. 235).
Todas las personas tenemos una estructura espacio - temporal común, esto quiere decir que todos los acontecimientos e imágenes del pasado, estarán relaciones con las experiencias que están aquí y ahora, en el presente. Esta relación de todos los acontecimientos los constituye el “yo”. Esta estructura conlleva la existencia de representaciones abstractas: las de un esbozo esquemático de los contornos (temporales y espaciales), dentro de los que se sitúa la imagen de las cosas percatadas o imaginadas conscientemente (p. 237).
La atención es un fenómenos que esta estrechamente relacionado con la consciencia y puede verse como un grado alto de vigilia. Nuestra vigilia de los acontecimientos donde prestamos atención defiere de aquellos en los que solo somos conscientes, pues las experiencias hacia donde dirigimos nuestra atención son percibidas con mayor detalle y estamos mejor preparados para responder adecuadamente. La atención juega un papel importante para los procesos de precepción, pues nuestro séquito fisiológico ya esta en un estado de preparación excitativo, y esto facilitara la evaluación de los estímulos; y a la vez producirá que los que impulsos se evalúan plenamente y las sensaciones correspondientes se eleven en intensidad y distinción (p. 240). Por otro lado, la atención también puede observarse en niveles semiconscientes, por ejemplo cuando una persona esta interesada en buscar cierto objeto, y aunque no este pensando en ese instante en ello, al presentarse en sus sentidos, lo observa y aprecia de inmediato porque su ente estaba predispuesta a ello.
El fenómeno de la atención es de especial significado para la comprensión de la consciencia porque no depende del carácter del estimulo si el acontecimiento se convertirá en consciente o no, sino depende de nuestra atención.
Lo concreto y lo abstracto tienen bastes diferencias. Lo concreto se basa en la experiencia sensorial inmediata y estamos familiarizados con él; mientras que lo abstracto, se basa en los conceptos, es engañoso, he implica procesos mentales superiores (p. 244). Nunca podemos percibir todas las cualidades de un objeto, sólo ciertos aspectos y características, que son producto del conjunto de relaciones que nuestro sistema nervioso clasifica. Por ende, todo nuestro conocimiento de las propiedades percibidas de un objeto externo son producto de nuestra percepción sensorial abstracta. Inclusive, las denominadas cualidades sensoriales son abstracciones por las relaciones entre estímulos que hemos aprendido a ligar; producto de la percepción de configuraciones (Gestalten).   Como resultado, los datos inmediatos de la consciencia serán abstractos, no solo en el sentido de que nunca pueden trasmitirnos más que atributos de los objetos percibidos, sino también en el sentido de que siempre reflejarán algunas de las propiedades genéricas que pueden adscribirse al objeto percibido.
La clasificación de los estímulos captados por nuestros sentidos, se basará en un sistema de conexiones adquiridas, que produce las relaciones entre los estímulos físicos. Por lo tanto, aunque la mente consciente pueda conocer el mundo externo solo en términos de clases que la experiencia previa ha creado, la experiencia de estos datos de la consciencia, proveerá el fundamento para una revisión de la clasificación. La mente, reclasifica las experiencias sensoriales originales; y sus objetos son los elementos de las clases constituidas por el mecanismo sensorial preconsciente.
La formación de conceptos abstractos, constituye una repetición de la misma clase de procesos de clasificaciones por los que se determinan las diferencias entre las cualidades sensoriales. Y quizá debamos ver el pensamiento conceptual y los procesos de inferencia, como una repetición posterior del proceso de clasificación que se lleva a cabo en un nivel más elevado.

Podemos concluir, que en todas partes tenemos que vérnoslas con un proceso siempre repetido de clasificación, como los anteriormente descritos. La unidad esencial del carácter del mecanismo fisiológico subyace a todas la clases de procesos mentales.


Referencia:
Hayek, F. A. (1952). El orden sensorial.