viernes, 30 de octubre de 2015

Capítulo 7- Confirmaciones y verificaciones de la teoría

Abstract:
            Este capítulo pretende mostrar que la teoría que se ha venido construyendo durante los capítulos anteriores, tiene a su favor bastantes pruebas evidentes. Menciona teorías antiguas, entendidas como “casos especiales”, y hace sugerencias para experimentos nuevos que ayudan a aclarar el funcionamiento del proceso que hemos llamado “clasificación”.  También aclara la existencia de posibilidades de refutación hacia esta teoría de procesos clasificatorios.

Palabras clave:
Equipotencialidad
Funcionamiento sustitutivo
Discriminación
Procesos clasificatorios

Resumen:
            Es importante recordar el principal objetivo de la teoría que se ha expuesto, este es: mostrar que todos los fenómenos mentales, tales como la discriminación, la equivalencia de respuesta a diferentes estímulos, la generalización, la transferencia, la abstracción y el pensamiento conceptual, se pueden interpretar como diferentes formas del mismo proceso que hemos llamado “clasificación”; y que tales clasificaciones pueden efectuarse mediante una red de conexiones que transmiten impulsos nerviosos (Hayek, 1952).
            Según esta teoría se entiende que no es necesario que las diferentes funciones mentales estén localizadas en ninguna parte en concreto de la corteza cerebral. Si la clasificación concreta que determina una cualidad mental de un impulso, depende de una multiplicidad de conexiones que se extienden a lo largo de la mayor parte de la corteza, esto significa que, para cualquier efecto concreto, ninguna de estas conexiones es indispensable. Por lo tanto, ciertos procesos mentales que normalmente están basados en impulsos que siguen ciertas fibras, pueden ser reaprendidos por el uso de estas fibras, y ciertas asociaciones pueden ser llevadas a cabo de modo que, si cualquiera de estas vías se corta, la que queda será capaz de producir el resultado. Tales efectos son descritos bajo los nombres de “funcionamiento sustitutivo” o “equipotencialidad” (p. 253).
            Existen teorías propuestas en el pasado para explicar fenómenos concretos, el primer caso  es la teoría de Berkeley de la visión espacial y las teorías más generales de percepción del espacio que se han desarrollado a partir de ella. Otro caso es, la teoría de las emociones de James-Lange, esta puede ser considerada un caso especial de nuestra teoría, si es cuidadosamente replanteada. También ha tenido influencia de la teoría de von Helmholzt, gracias a ella hoy en día es ampliamente reconocido que “el modo que vemos las cosas del mundo externo a veces se ve afectado de forma abrumadora por la experiencia” y que “a menudo es difícil de decidir cuál de nuestras experiencias visuales está determinada inmediatamente por la experiencia y la práctica” (p. 255). Por otro lado, la relación que existe entre nuestra teoría y la de la escuela de la Gestalt, podemos decir que, “al menos en algunos aspectos, la nuestra puede considerarse como un desarrollo consistente con aproximación a esta escuela”.  Otro caso de conexión es entre nuestra teoría y la antigua piscología asociativa, nuestro enfoque está de acuerdo con el asociacionismo,  en el sentido de remontar todos los procesos mentales hasta conexiones entre ciertos elementos establecidos por la experiencia, pero difiere en el sentido de considerar de carácter no mental en sí mismos los elementos entre los cuales se establecen dichas conexiones (p.257).
            La teoría aquí planteada no puede esperar confirmación o refutación con un único experimento. Existen muchas pruebas relativas al hecho de que las capacidades de discriminación sensorial pueden desarrollarse ampliamente mediante la práctica. En tiempos más recientes, principalmente bajo la influencia de la escuela de la Gestalt, ha recibido mucha atención el efecto de la experiencia y de la práctica en lo que se llama “organización perceptiva”. Parece haberse establecido que la percepción de diversas configuraciones y complejos puede verse profundamente alterada por la experiencia y de que no existe una diferencia real entre la percepción y la sensación. (Braly, Leeper, & Duncker, 1933, 1935, 1939).
            Es fácil comprender por qué la repetición de movimientos concretos, debe permitirnos realizarlos, después, de forma más rápida y eficaz. Todo parece responder a que la concepción de diferentes sensaciones siempre están “allí” en algún sentido oculto, y que el problema consiste simplemente en aprender a percibir esas sensaciones “no percibidas” que se encuentran necesaria e invariablemente ligadas al impulso sensorial. Con relación a cualquier tipo de movimiento, la práctica tiene claramente algún efecto sobre la memoria y es difícil ver qué otro significado puede tener “memoria” sino el de la retención de conexiones y relaciones.  Adquirir la capacidad para hacer nuevas discriminaciones sensoriales no es sólo cuestión de aprender a hacer las cosas mejor de lo que se hacían antes; significa hacer algo completamente nuevo. No solo significa discriminar mejor entre dos estímulos o grupos de estímulos que nunca antes habían sido discriminados.  El mismo término de “discriminación”, sugiere algo parecido a “reconocimiento” de diferencias objetivas entre estímulos (Hayek, 1952).
            Del planteamiento global, se deduce que aprender a distinguir entre diferentes estímulos individuales, solo puede significar que vamos a asignar a estímulos diferentes efectos, con independencia del modo en que estos estímulos difieran; simplemente significa la creación de una nueva distinción en el orden fenoménico.  Existen tres modos principales en los que, la asignación de nuevas conexiones a impulsos sensoriales que llegan a los centros nerviosos, pueden tomar la apariencia de nuevas cualidades sensoriales: 1. Impulsos que antes no produjeron una sensación distinta, podrán ahora llegar a hacerlo; 2. Diferentes impulsos producidos por diferentes estímulos físicos podrían estar hechos para ser percibidos como una cualidad sensorial distinta; y 3. Impulsos producidos por la acción de estímulos físicamente idénticos sobre órganos receptores similares en puntos diferentes del cuerpo podrían también adquirir diferentes cualidades sensoriales. La tarea de la experimentación en estos casos, debe ser la de averiguar si podemos ser conscientes de impulsos sensoriales de los cuales no fuimos conscientes antes, o si podemos dar a impulsos sensoriales una significación sensorial distintiva, diferente de la que tienen otros impulsos de los cuales previamente no se distinguían (p.268).
            Lo mejor sería empezar los experimentos con estímulos que se sabe que son capaces de ser distinguidos por personas con mucha práctica, pero que para las personas con poca práctica son indistinguibles. En todos estos casos, podría ser posible  elevar los impulsos a nivel consciente, asignándoles, de forma deliberada, un séquito característico que no han podido adquirir espontáneamente.  Es probable que el hombre posea un número considerable de “sentidos reflejos”, como ha definido la actividad desarrollada por los canales semicirculares en el mantenimiento del equilibrio (p.273).
            Dentro de las posibilidades de refutación, se puede mencionar la teoría de R. Semon, acerca de una memoria de célula o de “almacenamiento”, la cual implica el supuesto de que sea lo que sea que se almacene, posee en sí mismo atributos mediante los cuales se distinguen las diferentes cualidades sensoriales. Una forma moderna de esta teoría es la de P. Wess,  sugiere que no es el hecho de una transmisión de impulsos, sino el carácter de los impulsos lo que determina que los similares se fijen en fibras diferentes (p. 274).
            Aunque parece dudoso que alguna vez se haya llevado hasta sus últimas consecuencias, la idea de que la discriminación sensorial está enteramente determinada por acontecimientos motores periféricos, es una alternativa imaginable. La idea no es minimizar la importancia de las respuestas motoras a todos los niveles de la jerarquía del sistema nervioso central, pero es difícil ver cómo podría llegar a hacer innecesarios aquellos clasificatorios o “simbólicos” cuyas funciones has sido el principal objeto de este estudio (p. 275).

Referencias: 
Braly, K., Leeper, R., & Duncker, K. (1933, 1935, 1939).
Hayek, F. A. (1952). El orden sensorial.


2 comentarios:

  1. me gusto mucho su resumen del capitulo es muy claro y explica de una manera sencilla las ideas principales de este capitulo. La única recomendación es que utilicen imágenes para que sea un poco mas dinámico.

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    1. Gracias por su comentario y sus recomendaciones, los tomaremos en cuenta. Nos emociona saber que nuestros resúmenes les han ayudado a mejorar la comprensión de este libro tan importante. Saludos!

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