Abstract:
Este capítulo pretende mostrar que la teoría que se ha venido construyendo durante los capítulos anteriores, tiene
a su favor bastantes pruebas evidentes. Menciona teorías antiguas, entendidas
como “casos especiales”, y hace sugerencias para experimentos nuevos que ayudan
a aclarar el funcionamiento del proceso que hemos llamado “clasificación”. También aclara la existencia de posibilidades
de refutación hacia esta teoría de procesos clasificatorios.
Palabras
clave:
Equipotencialidad
Funcionamiento
sustitutivo
Discriminación
Procesos
clasificatorios
Resumen:
Es importante
recordar el principal objetivo de la teoría que se ha expuesto, este es: mostrar que todos los fenómenos
mentales, tales como la discriminación, la equivalencia de respuesta a
diferentes estímulos, la generalización, la transferencia, la abstracción y el
pensamiento conceptual, se pueden interpretar como diferentes formas del mismo
proceso que hemos llamado “clasificación”; y que tales clasificaciones pueden
efectuarse mediante una red de conexiones que transmiten impulsos nerviosos (Hayek, 1952) .
Según esta teoría se entiende que no
es necesario que las diferentes funciones mentales estén localizadas en ninguna
parte en concreto de la corteza cerebral. Si la clasificación concreta que
determina una cualidad mental de un impulso, depende de una multiplicidad de
conexiones que se extienden a lo largo de la mayor parte de la corteza, esto
significa que, para cualquier efecto concreto, ninguna de estas conexiones es
indispensable. Por lo tanto, ciertos procesos mentales que normalmente están
basados en impulsos que siguen ciertas fibras, pueden ser reaprendidos por el
uso de estas fibras, y ciertas asociaciones pueden ser llevadas a cabo de modo
que, si cualquiera de estas vías se corta, la que queda será capaz de producir
el resultado. Tales efectos son descritos bajo los nombres de “funcionamiento
sustitutivo” o “equipotencialidad” (p. 253).
Existen teorías propuestas en el
pasado para explicar fenómenos concretos, el primer caso es la teoría de Berkeley de la visión espacial
y las teorías más generales de percepción del espacio que se han desarrollado a
partir de ella. Otro caso es, la teoría de las emociones de James-Lange, esta
puede ser considerada un caso especial de nuestra teoría, si es cuidadosamente
replanteada. También ha tenido influencia de la teoría de von Helmholzt,
gracias a ella hoy en día es ampliamente reconocido que “el modo que vemos las
cosas del mundo externo a veces se ve afectado de forma abrumadora por la
experiencia” y que “a menudo es difícil de decidir cuál de nuestras
experiencias visuales está determinada inmediatamente por la experiencia y la
práctica” (p. 255). Por otro lado, la relación que existe entre nuestra teoría
y la de la escuela de la Gestalt, podemos decir que, “al menos en algunos
aspectos, la nuestra puede considerarse como un desarrollo consistente con
aproximación a esta escuela”. Otro caso
de conexión es entre nuestra teoría y la antigua piscología asociativa, nuestro
enfoque está de acuerdo con el asociacionismo, en el sentido de remontar todos los procesos
mentales hasta conexiones entre ciertos elementos establecidos por la
experiencia, pero difiere en el sentido de considerar de carácter no mental en
sí mismos los elementos entre los cuales se establecen dichas conexiones
(p.257).
La teoría aquí planteada no puede
esperar confirmación o refutación con un único experimento. Existen muchas
pruebas relativas al hecho de que las capacidades de discriminación sensorial
pueden desarrollarse ampliamente mediante la práctica. En tiempos más
recientes, principalmente bajo la influencia de la escuela de la Gestalt, ha
recibido mucha atención el efecto de la experiencia y de la práctica en lo que
se llama “organización perceptiva”. Parece haberse establecido que la
percepción de diversas configuraciones y complejos puede verse profundamente
alterada por la experiencia y de que no existe una diferencia real entre la
percepción y la sensación. (Braly, Leeper, & Duncker, 1933, 1935, 1939) .
Es fácil comprender por qué la repetición
de movimientos concretos, debe permitirnos realizarlos, después, de forma más rápida y eficaz. Todo parece responder a que la concepción de diferentes sensaciones
siempre están “allí” en algún sentido oculto, y que el problema consiste
simplemente en aprender a percibir esas sensaciones “no percibidas” que se encuentran necesaria e invariablemente ligadas al impulso sensorial. Con relación a cualquier tipo de movimiento,
la práctica tiene claramente algún efecto sobre la memoria y es difícil ver qué
otro significado puede tener “memoria” sino el de la retención de conexiones y
relaciones. Adquirir la capacidad para
hacer nuevas discriminaciones sensoriales no es sólo cuestión de aprender a hacer las
cosas mejor de lo que se hacían antes; significa hacer algo completamente nuevo.
No solo significa discriminar mejor entre dos estímulos o grupos de estímulos que nunca antes habían sido discriminados. El mismo término de “discriminación”, sugiere
algo parecido a “reconocimiento” de
diferencias objetivas entre estímulos (Hayek, 1952).
Del planteamiento global, se deduce
que aprender a distinguir entre diferentes estímulos individuales, solo puede
significar que vamos a asignar a estímulos diferentes efectos, con
independencia del modo en que estos estímulos difieran; simplemente significa la
creación de una nueva distinción en el orden fenoménico. Existen tres modos principales en los que, la
asignación de nuevas conexiones a impulsos sensoriales que llegan a los centros
nerviosos, pueden tomar la apariencia de nuevas cualidades sensoriales: 1. Impulsos
que antes no produjeron una sensación distinta, podrán ahora llegar a hacerlo;
2. Diferentes impulsos producidos por diferentes estímulos físicos podrían
estar hechos para ser percibidos como una cualidad sensorial distinta; y 3.
Impulsos producidos por la acción de estímulos físicamente idénticos sobre
órganos receptores similares en puntos diferentes del cuerpo podrían también
adquirir diferentes cualidades sensoriales. La tarea de la experimentación en estos
casos, debe ser la de averiguar si podemos ser conscientes de impulsos
sensoriales de los cuales no fuimos conscientes antes, o si podemos dar a
impulsos sensoriales una significación sensorial distintiva, diferente de la
que tienen otros impulsos de los cuales previamente no se distinguían (p.268).
Lo mejor sería empezar los
experimentos con estímulos que se sabe que son capaces de ser distinguidos por
personas con mucha práctica, pero que para las personas con poca práctica son
indistinguibles. En todos estos casos, podría ser posible elevar los impulsos a nivel consciente, asignándoles, de forma deliberada, un séquito característico que no han podido adquirir espontáneamente. Es probable que el hombre posea un número
considerable de “sentidos reflejos”, como ha definido la actividad desarrollada
por los canales semicirculares en el mantenimiento del equilibrio (p.273).
Dentro de las posibilidades de
refutación, se puede mencionar la teoría de R. Semon, acerca de una memoria de
célula o de “almacenamiento”, la cual implica el supuesto de que sea lo que sea
que se almacene, posee en sí mismo atributos mediante los cuales se distinguen
las diferentes cualidades sensoriales. Una forma moderna de esta teoría es la
de P. Wess, sugiere que no es el hecho
de una transmisión de impulsos, sino el carácter de los impulsos lo que
determina que los similares se fijen en fibras diferentes (p. 274).
Aunque parece dudoso que alguna vez se
haya llevado hasta sus últimas consecuencias, la idea de que la discriminación
sensorial está enteramente determinada por acontecimientos motores periféricos,
es una alternativa imaginable. La idea no es minimizar la importancia de las respuestas
motoras a todos los niveles de la jerarquía del sistema nervioso central, pero
es difícil ver cómo podría llegar a hacer innecesarios aquellos clasificatorios
o “simbólicos” cuyas funciones has sido el principal objeto de este estudio
(p. 275).
Referencias:
Braly, K., Leeper, R., & Duncker, K. (1933, 1935,
1939).
Hayek, F. A. (1952). El orden sensorial.