viernes, 30 de octubre de 2015

Capítulo 7- Confirmaciones y verificaciones de la teoría

Abstract:
            Este capítulo pretende mostrar que la teoría que se ha venido construyendo durante los capítulos anteriores, tiene a su favor bastantes pruebas evidentes. Menciona teorías antiguas, entendidas como “casos especiales”, y hace sugerencias para experimentos nuevos que ayudan a aclarar el funcionamiento del proceso que hemos llamado “clasificación”.  También aclara la existencia de posibilidades de refutación hacia esta teoría de procesos clasificatorios.

Palabras clave:
Equipotencialidad
Funcionamiento sustitutivo
Discriminación
Procesos clasificatorios

Resumen:
            Es importante recordar el principal objetivo de la teoría que se ha expuesto, este es: mostrar que todos los fenómenos mentales, tales como la discriminación, la equivalencia de respuesta a diferentes estímulos, la generalización, la transferencia, la abstracción y el pensamiento conceptual, se pueden interpretar como diferentes formas del mismo proceso que hemos llamado “clasificación”; y que tales clasificaciones pueden efectuarse mediante una red de conexiones que transmiten impulsos nerviosos (Hayek, 1952).
            Según esta teoría se entiende que no es necesario que las diferentes funciones mentales estén localizadas en ninguna parte en concreto de la corteza cerebral. Si la clasificación concreta que determina una cualidad mental de un impulso, depende de una multiplicidad de conexiones que se extienden a lo largo de la mayor parte de la corteza, esto significa que, para cualquier efecto concreto, ninguna de estas conexiones es indispensable. Por lo tanto, ciertos procesos mentales que normalmente están basados en impulsos que siguen ciertas fibras, pueden ser reaprendidos por el uso de estas fibras, y ciertas asociaciones pueden ser llevadas a cabo de modo que, si cualquiera de estas vías se corta, la que queda será capaz de producir el resultado. Tales efectos son descritos bajo los nombres de “funcionamiento sustitutivo” o “equipotencialidad” (p. 253).
            Existen teorías propuestas en el pasado para explicar fenómenos concretos, el primer caso  es la teoría de Berkeley de la visión espacial y las teorías más generales de percepción del espacio que se han desarrollado a partir de ella. Otro caso es, la teoría de las emociones de James-Lange, esta puede ser considerada un caso especial de nuestra teoría, si es cuidadosamente replanteada. También ha tenido influencia de la teoría de von Helmholzt, gracias a ella hoy en día es ampliamente reconocido que “el modo que vemos las cosas del mundo externo a veces se ve afectado de forma abrumadora por la experiencia” y que “a menudo es difícil de decidir cuál de nuestras experiencias visuales está determinada inmediatamente por la experiencia y la práctica” (p. 255). Por otro lado, la relación que existe entre nuestra teoría y la de la escuela de la Gestalt, podemos decir que, “al menos en algunos aspectos, la nuestra puede considerarse como un desarrollo consistente con aproximación a esta escuela”.  Otro caso de conexión es entre nuestra teoría y la antigua piscología asociativa, nuestro enfoque está de acuerdo con el asociacionismo,  en el sentido de remontar todos los procesos mentales hasta conexiones entre ciertos elementos establecidos por la experiencia, pero difiere en el sentido de considerar de carácter no mental en sí mismos los elementos entre los cuales se establecen dichas conexiones (p.257).
            La teoría aquí planteada no puede esperar confirmación o refutación con un único experimento. Existen muchas pruebas relativas al hecho de que las capacidades de discriminación sensorial pueden desarrollarse ampliamente mediante la práctica. En tiempos más recientes, principalmente bajo la influencia de la escuela de la Gestalt, ha recibido mucha atención el efecto de la experiencia y de la práctica en lo que se llama “organización perceptiva”. Parece haberse establecido que la percepción de diversas configuraciones y complejos puede verse profundamente alterada por la experiencia y de que no existe una diferencia real entre la percepción y la sensación. (Braly, Leeper, & Duncker, 1933, 1935, 1939).
            Es fácil comprender por qué la repetición de movimientos concretos, debe permitirnos realizarlos, después, de forma más rápida y eficaz. Todo parece responder a que la concepción de diferentes sensaciones siempre están “allí” en algún sentido oculto, y que el problema consiste simplemente en aprender a percibir esas sensaciones “no percibidas” que se encuentran necesaria e invariablemente ligadas al impulso sensorial. Con relación a cualquier tipo de movimiento, la práctica tiene claramente algún efecto sobre la memoria y es difícil ver qué otro significado puede tener “memoria” sino el de la retención de conexiones y relaciones.  Adquirir la capacidad para hacer nuevas discriminaciones sensoriales no es sólo cuestión de aprender a hacer las cosas mejor de lo que se hacían antes; significa hacer algo completamente nuevo. No solo significa discriminar mejor entre dos estímulos o grupos de estímulos que nunca antes habían sido discriminados.  El mismo término de “discriminación”, sugiere algo parecido a “reconocimiento” de diferencias objetivas entre estímulos (Hayek, 1952).
            Del planteamiento global, se deduce que aprender a distinguir entre diferentes estímulos individuales, solo puede significar que vamos a asignar a estímulos diferentes efectos, con independencia del modo en que estos estímulos difieran; simplemente significa la creación de una nueva distinción en el orden fenoménico.  Existen tres modos principales en los que, la asignación de nuevas conexiones a impulsos sensoriales que llegan a los centros nerviosos, pueden tomar la apariencia de nuevas cualidades sensoriales: 1. Impulsos que antes no produjeron una sensación distinta, podrán ahora llegar a hacerlo; 2. Diferentes impulsos producidos por diferentes estímulos físicos podrían estar hechos para ser percibidos como una cualidad sensorial distinta; y 3. Impulsos producidos por la acción de estímulos físicamente idénticos sobre órganos receptores similares en puntos diferentes del cuerpo podrían también adquirir diferentes cualidades sensoriales. La tarea de la experimentación en estos casos, debe ser la de averiguar si podemos ser conscientes de impulsos sensoriales de los cuales no fuimos conscientes antes, o si podemos dar a impulsos sensoriales una significación sensorial distintiva, diferente de la que tienen otros impulsos de los cuales previamente no se distinguían (p.268).
            Lo mejor sería empezar los experimentos con estímulos que se sabe que son capaces de ser distinguidos por personas con mucha práctica, pero que para las personas con poca práctica son indistinguibles. En todos estos casos, podría ser posible  elevar los impulsos a nivel consciente, asignándoles, de forma deliberada, un séquito característico que no han podido adquirir espontáneamente.  Es probable que el hombre posea un número considerable de “sentidos reflejos”, como ha definido la actividad desarrollada por los canales semicirculares en el mantenimiento del equilibrio (p.273).
            Dentro de las posibilidades de refutación, se puede mencionar la teoría de R. Semon, acerca de una memoria de célula o de “almacenamiento”, la cual implica el supuesto de que sea lo que sea que se almacene, posee en sí mismo atributos mediante los cuales se distinguen las diferentes cualidades sensoriales. Una forma moderna de esta teoría es la de P. Wess,  sugiere que no es el hecho de una transmisión de impulsos, sino el carácter de los impulsos lo que determina que los similares se fijen en fibras diferentes (p. 274).
            Aunque parece dudoso que alguna vez se haya llevado hasta sus últimas consecuencias, la idea de que la discriminación sensorial está enteramente determinada por acontecimientos motores periféricos, es una alternativa imaginable. La idea no es minimizar la importancia de las respuestas motoras a todos los niveles de la jerarquía del sistema nervioso central, pero es difícil ver cómo podría llegar a hacer innecesarios aquellos clasificatorios o “simbólicos” cuyas funciones has sido el principal objeto de este estudio (p. 275).

Referencias: 
Braly, K., Leeper, R., & Duncker, K. (1933, 1935, 1939).
Hayek, F. A. (1952). El orden sensorial.


viernes, 16 de octubre de 2015

Capítulo 6 - Consciencia y pensamiento conceptual


            En este capítulo, la mayoría de las secciones está dedicada a la explicación de las diferencias en características y procesos de los acontecimientos conscientes y los inconscientes. Menciona que todo se puede ver como una unidad, por la cantidad de conexiones que existen en nuestra mente; sin embargo, todo depende de la atención. Gracias a la atención, nosotros logramos retener información relevante que luego traemos a nuestra mente a través de la memoria. Prestar atención no es solo fijarse en los objetos, es recibir una excitación pre-existente para poder hacer conscientes los objetos. Por otro lado, en este capitulo también se habla acerca de las diferencias entre lo concreto y abstracto y cómo influyen grandemente en nuestra percepción del entorno.
Palabras clave:
Mental
Consciente
Inconsciente
Atención
Abstracto
Resumen:
Se ha empleado el termino “mental” para describir todos los procesos que implican una clasificación de acontecimientos que tienen un orden cualitativo. Los “fenómenos mentales”, incluye muchos acontecimientos que no son conscientes, y esto plantea el problema para la determinación de este orden mental.
Podemos emplear el termino mental, tanto para acontecimientos conscientes, como inconscientes. Sin embargo, debemos aclarar las características o atributos que los distinguen unos de otros (Hayek, 1952). Muchas veces consideramos que “la consciencia es sinónimo de vigilia”, y creemos que se refiere a “un atributo que se vincula solo a algunos acontecimientos mentales, pero no a todos” (p. 230). Lo cierto es, que quizá sea imposible dar una definición exacta de que es la consciencia. Una solución a esta dificultad, podría ser “preguntando no qué “es” la consciencia, sino qué “hace” la conciencia” (p. 231). Esto quiere decir, que nos enfocaremos en las diferencias entre los comportamientos que conocemos como resultados de procesos mentales conscientes, y los producidos por procesos mentales inconscientes. Sin embargo, para llevar a cabo esto, es necesario que examinemos tres proposiciones que son necesarios para una comprensión general.


Estas proposiciones son las siguientes:
1.          En primer lugar: La distinción entre procesos conscientes y no conscientes, no solo se puede aplicar a las diferentes clases de procesos mentales que ocurren en nuestro cuerpo. También se puede emplear para describir las diferencias que observamos en el comportamiento de otras personas. Por ejemplo, nosotros sabemos por experiencia propia, la diferencia entre aquellas acciones o comportamientos que controlamos deliberadamente y aquellas que son producidas sin nuestro control, como por ejemplo las que son producto de nuestros reflejos.
2.          En segundo lugar: “No se puede cuestionar que existen formas intermedias entre los acontecimientos plenamente conscientes y los plenamente inconscientes que hace que las diferencias tengan grados” (p. 231). Tanto la consciencia como lo inconsciente, tienen muchos grados de intensidad; por lo que existen muchas formas de hechos semiconscientes en los cuales es difícil clasificarlos y describirlos como conscientes o no.
3.          En tercer lugar: Los hechos conscientes poseen todos los atributos de todos los procesos mentales.  Esto quiere decir que las respuestas conscientes pueden ser altamente modificables e intencionadas; y que se relacionan estrechamente unas con otros. Esto hace que los proceso metales consciente sean más complejos que los  inconscientes.
Pero, ¿qué pasa con los comportamientos que se creen conscientes (porque son coordinados e intencionales), pero la persona que actúa no “se percata” de ellos? Estos se pueden clasificar como comportamientos inconscientes, que se puede producir porque la persona que realiza la acción está ocupando su atención en otra actividad. También pueden ser producidos por condiciones en las que el sujeto se encuentre; por ejemplo, las personas sonámbulas o las que se encuentran en trances hipnóticos. Parece necesario aclarar que existen tres diferencias entre los comportamientos conscientes y los inconscientes. En consciente, una persona: a) Es capaz de “dar cuenta” de las acciones que está realizando. Con esto queremos decir que la persona es capaz de trasmitir y comunicarse con las demás personas a través del uso de símbolos; b) Es capaz de “tener en cuenta”  sus acciones; y c)Está “guiada” por sus percepciones actuales y las imágenes de su entorno (p. 233).
El hombre posee conexiones entre los impulsos sensoriales y el aparato de expresión. Los cuales, amplían sus medios de clasificación y permiten su pensamiento abstracto. Estas conexiones también son importantes, porque el aprendizaje del sistema de símbolos, el individuo puede utilizar su experiencia propia y la de su especie.
Por otro lado, “la comunicación es el resultado de los procesos conscientes y del “dar cuenta” de dichos procesos; por lo tanto, esto significa que la comunicación esta conectada con todos los otros procesos conscientes”  (Hayek, 1952).
La memoria y el reconocimiento significan la reaparición de lo que se ha experimentado conscientemente anteriormente. Esto quiere decir, que la experiencia consciente puede recordarse y reconocerse. Pero incluso, se ha descubierto que podemos recordar experiencias sensitivas de las que no fuimos conscientes en el momento en el que ocurrieron, esto es en niveles pre-conscientes. Podemos concluir, que existen una estrecha conexión entre todos los acontecimientos conscientes, por lo que se podrían describir como pertenecientes a una esfera común. Esta estrecha conexión, la podemos llamar “la unidad de la consciencia”, es decir que los hechos conscientes ocupan una posición definida en el mismo orden espacial,  y no se aplica a los acontecimientos inconscientes, pues aunque pueden afectarse mutuamente, no siempre será así. De esta unidad de la consciencia, se presenta el hecho de la “estrechez de la consciencia”, la cual quiere decir que “solo una gama limitada de experiencias puede ser plenamente consciente” (p. 235).
Todas las personas tenemos una estructura espacio - temporal común, esto quiere decir que todos los acontecimientos e imágenes del pasado, estarán relaciones con las experiencias que están aquí y ahora, en el presente. Esta relación de todos los acontecimientos los constituye el “yo”. Esta estructura conlleva la existencia de representaciones abstractas: las de un esbozo esquemático de los contornos (temporales y espaciales), dentro de los que se sitúa la imagen de las cosas percatadas o imaginadas conscientemente (p. 237).
La atención es un fenómenos que esta estrechamente relacionado con la consciencia y puede verse como un grado alto de vigilia. Nuestra vigilia de los acontecimientos donde prestamos atención defiere de aquellos en los que solo somos conscientes, pues las experiencias hacia donde dirigimos nuestra atención son percibidas con mayor detalle y estamos mejor preparados para responder adecuadamente. La atención juega un papel importante para los procesos de precepción, pues nuestro séquito fisiológico ya esta en un estado de preparación excitativo, y esto facilitara la evaluación de los estímulos; y a la vez producirá que los que impulsos se evalúan plenamente y las sensaciones correspondientes se eleven en intensidad y distinción (p. 240). Por otro lado, la atención también puede observarse en niveles semiconscientes, por ejemplo cuando una persona esta interesada en buscar cierto objeto, y aunque no este pensando en ese instante en ello, al presentarse en sus sentidos, lo observa y aprecia de inmediato porque su ente estaba predispuesta a ello.
El fenómeno de la atención es de especial significado para la comprensión de la consciencia porque no depende del carácter del estimulo si el acontecimiento se convertirá en consciente o no, sino depende de nuestra atención.
Lo concreto y lo abstracto tienen bastes diferencias. Lo concreto se basa en la experiencia sensorial inmediata y estamos familiarizados con él; mientras que lo abstracto, se basa en los conceptos, es engañoso, he implica procesos mentales superiores (p. 244). Nunca podemos percibir todas las cualidades de un objeto, sólo ciertos aspectos y características, que son producto del conjunto de relaciones que nuestro sistema nervioso clasifica. Por ende, todo nuestro conocimiento de las propiedades percibidas de un objeto externo son producto de nuestra percepción sensorial abstracta. Inclusive, las denominadas cualidades sensoriales son abstracciones por las relaciones entre estímulos que hemos aprendido a ligar; producto de la percepción de configuraciones (Gestalten).   Como resultado, los datos inmediatos de la consciencia serán abstractos, no solo en el sentido de que nunca pueden trasmitirnos más que atributos de los objetos percibidos, sino también en el sentido de que siempre reflejarán algunas de las propiedades genéricas que pueden adscribirse al objeto percibido.
La clasificación de los estímulos captados por nuestros sentidos, se basará en un sistema de conexiones adquiridas, que produce las relaciones entre los estímulos físicos. Por lo tanto, aunque la mente consciente pueda conocer el mundo externo solo en términos de clases que la experiencia previa ha creado, la experiencia de estos datos de la consciencia, proveerá el fundamento para una revisión de la clasificación. La mente, reclasifica las experiencias sensoriales originales; y sus objetos son los elementos de las clases constituidas por el mecanismo sensorial preconsciente.
La formación de conceptos abstractos, constituye una repetición de la misma clase de procesos de clasificaciones por los que se determinan las diferencias entre las cualidades sensoriales. Y quizá debamos ver el pensamiento conceptual y los procesos de inferencia, como una repetición posterior del proceso de clasificación que se lleva a cabo en un nivel más elevado.

Podemos concluir, que en todas partes tenemos que vérnoslas con un proceso siempre repetido de clasificación, como los anteriormente descritos. La unidad esencial del carácter del mecanismo fisiológico subyace a todas la clases de procesos mentales.


Referencia:
Hayek, F. A. (1952). El orden sensorial.

jueves, 1 de octubre de 2015

Capítulo 5 - La estructura del orden mental

Abstract:
            En este capítulo se trata de completar el perfil general, que se ha tratado en los capítulos anteriores, sobre el orden de las cualidades mentales. Describe cómo se hacen gradualmente conexiones entre clases de hechos y el entorno; y cómo se van guardando y clasificando registros de los estímulos recibidos del mundo externo.  Se basa, para darnos una explicación más clara, en “modelos” que se van formando en cualquier momento por el patrón de impulsos activos, y en “mapas” que se forman por las conexiones que transmiten impulsos de neurona a neurona en el sistema nervioso.

Palabras clave:
Eslabonamientos
Mapa
Modelo
Asociación
Comportamiento intencional

Resumen:
            Existe poco conocimiento aun,  que nos permita distinguir entre la parte del orden mental de un individuo que es heredada y la parte que puede entenderse como originada por la experiencia, sin embargo, puede decirse que las distinciones sobre el significado de los diferentes impulsos, están creadas por la experiencia.  Por otro lado,  como la experiencia sugiere la aparición de cualidades sensoriales y para nuestro objetivo de entender el orden mental, lo que nos interesa es una clase de experiencia pre-sensorial, será mejor emplear un término más neutral para describir la formación de nuevas conexiones, este es: “eslabonamiento o linking”.  Se entiende como eslabonamiento, el efecto general y duradero que pueden imprimir los grupos de estímulos sobre la organización del sistema nervioso central, implica un efecto fisiológico de los hechos externos sobre esta organización, pero no necesariamente implica que cuando estos hechos ocurren, ya posean algún significado distinto para el organismo.  Los hechos que producen estos eslabonamientos no necesitan ser hechos mentales o sensoriales (Hayek, 1952).
Es importante mencionar, aunque pueda sonar común, que toda experiencia causa la creación de conexiones entre acontecimientos fisiológicos y que la memoria se basa íntegramente en estas conexiones;  existe otra concepción que podría calificarse como la teoría de la memoria como “almacenamiento”, la cual sugiere que con cada experiencia, entra en la mente o cerebro alguna entidad mental nueva,  que representa las sensaciones o imágenes y que es retenida allí hasta que emerge nuevamente en el momento apropiado. Esta concepción está ligada la teoría de la energía específica de los nervios, la cual es errónea, pues recordaremos que ningún mecanismo fisiológico puede retener nada, salvo conexiones entre hechos, por lo que cualquier teoría de la mente debe usar las palabras “experiencia” y “memoria” en el sentido en que hemos nosotros empleado aquí el término “eslabonamiento” (p.191,192).
Tanto las operaciones de los sentidos como del intelecto, están igualmente basadas en actos de clasificación desempeñados por el sistema nervioso central y ambos son parte del mismo proceso continuo, por el que el microcosmos del cerebro se aproxima a una reproducción del macrocosmos del mundo externo.  Este orden que crean los eslabonamientos en el sistema nervioso, podemos decir que es un orden imperfecto, en primer lugar porque los órganos receptores son imperfectamente selectivos, el organismo posee órganos receptores que son sensibles sólo a ciertas clases de acontecimientos y no a otros. En segundo lugar, las clases de estímulos físicos que actúan sobre un organismo, no corresponderán en general a las condiciones del mundo, sino a las condiciones del entorno en que el organismo ha existido. En tercer lugar, una de las partes más importantes de donde el sistema nervioso recibe señales que producen eslabonamientos,  es el ámbito interno (en el que existe el sistema nervioso mismo), por lo tanto,  como los hechos dentro del organismo están coordinados mutuamente con los del mundo externo, es inevitable que las relaciones existentes entre ellos jueguen un papel importante en el orden que se formará en los centros más altos. En cuarto lugar, no hay razón para pensar que la capacidad de los centros superiores para formar conexiones sea uniforme, porque es probable que la estructura anatómica facilite ciertas conexiones y dificulte otras.  Por último, en quinto lugar, el orden de eslabonamientos es imperfecto porque, como la clasificación sucesiva de los impulsos se lleva a cabo en niveles diferentes, las señales que buscan los centros superiores a menudo no representarán los estímulos individuales,  sino  clases o grupos de estímulos formados en niveles inferiores para cumplir funciones particulares.  Será útil comparar con un “mapa”  la red de conexiones que se forma y la estructura de los hechos externos que produce, para poder entenderlo mejor. Este mapa no solo será también un mapa imperfecto, sino sujeto a continuo cambio (p.193-197).
A medida que ascendemos a niveles más elevados, la función de los nuevos impulsos que llegan a los centros superiores,  será cada vez menos la de evocar respuestas específicas y más  la de modificar y controlar el comportamiento.  Esto implica, que en los centros superiores se guarda un registro de los estímulos recibidos recientemente,  y esto significa que en cualquier momento el estado excitativo del sistema nervioso completo, dependerá cada vez menos de los nuevos estímulos, y más del curso continuado de impulsos producidos por estímulos que se recibieron  durante un período pasado, lo que creará una distribución pre-existente de impulsos (p.202).  Dentro de una red dada de canales, se puede rastrear una configuración de impulsos en cualquier momento, esta configuración puede verse como una clase de “modelo” del entorno en el que el organismo se encuentra en ese momento y que le permitirá manejar sus movimientos en ese entorno.  Este “modelo” no debe confundirse con el “mapa” del que hemos hablado anteriormente (p.205). La diferencia es que el mapa que se forma por las conexiones que transmiten impulsos, representa la clase de mundo en el que ha existido el organismo en el pasado, pero por sí mismo no provee información acerca del entorno en el que está situado el organismo en ese momento.  Todos estos impulsos actúan como una representación o imagen del entorno del momento, por lo que no es arbitrario describir la estructura global como un aparato de orientación (Kleint, 1940).
La configuración de los impulsos nerviosos es una configuración en constante cambio, cada impulso que representa un acontecimiento en el entorno, será el punto de partida de muchas cadenas de procesos asociativos (p.209).  El impulso fisiológico, por ejemplo, debe su cualidad mental a su capacidad de evocar otros impulsos y posee esa cualidad solo porque puede evocar una gran diversidad de impulsos asociativos. La asociación entonces, no es algo que se añade a la aparición de cualidades mentales, sino el factor que determina las cualidades. Hay procesos análogos a los procesos de asociación, que nos son familiares a partir del pensamiento consciente y que juegan ya un papel similar en los niveles pre-conscientes (p.206-209).
Los principios que determinan la transmisión de los impulsos en el sistema nervioso, pueden describirse como principios de tipo “mecánico”. Dicho mecanismo no puede adaptar sus operaciones “intencionalmente” para producir resultados diferentes bajo las mismas condiciones externas, y es esencialmente “pasivo”, pues el tipo de operaciones que realizará dependerá exclusivamente de las circunstancias externas. Esto quiere decir que difícilmente responderemos dos veces exactamente de la misma manera, ante las mismas condiciones externas. Las acciones de este mecanismo parecerán auto-adaptativas e intencionales y lo que determinará su actividad será el estado pre-existente de sus procesos internos, como las influencias externas que actúen sobre él. Este comportamiento adaptativo e intencional del organismo, se puede comprobar por la existencia del “modelo” del entorno formado por el patrón de impulsos del sistema nervioso. Por otro lado, la determinación de la acción intencional, implica un proceso adicional de selección entre diversos y diferentes cursos de acción (p.211-218).   La selección de cuál de los diversos cursos producirá un resultado deseable, implica que notemos que la deseabilidad de un resultado no es el único factor afectivo, la mayoría de los de cursos de acción a elegir de un organismo, poseerán cualidades afectivas. Al final, dentro de todos los cursos de acción posibles, se elegirá el “recorrido de menor resistencia” y se evitarán los cursos que resulten dolorosos, aunque puedan llevar al mismo resultado; de igual manera se evitarán los cursos que lleven a resultados alternativos, pero que requieran mayor esfuerzo (p.220).
Lo que el aparato de clasificación da es más un inventario de tipos de cosas de las que el mundo está hecho, es una teoría de cómo el mundo opera, más que una representación del mundo lo que simplifica la tarea y extiende el ámbito de una adaptación exitosa (p.227).

Referencias
Hayek, F. A. (1952). El orden sensorial.

Kleint, H. (1940).